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Discurso inaugural: Richard Nixon

Discurso inaugural: Richard Nixon


Artículos de investigación sobre el discurso inaugural de Richard Nixon

A las 12:16 pm del 20 de enero de 1969, el presidente Richard Nixon pronunció su primer discurso inaugural en el frente del edificio Capital. El discurso inaugural se transmitió tanto por televisión como por radio. Además de la celebración de la libertad, el discurso inaugural del presidente Nixon & rsquos se centró en los nuevos horizontes y descubrimientos que se han experimentado en los Estados Unidos y en la Tierra. La sed de paz, el miedo a la guerra, el comienzo del tercer milenio y los nuevos avances y descubrimientos tecnológicos fueron solo algunos de los nuevos horizontes y descubrimientos destacados en el discurso inaugural. Temas como el llamado americano & rsquos a la grandeza y responsabilidades con el país y entre ellos también fueron discutidos en su discurso. Según Nixon, cada estadounidense necesitaba mirar dentro de sí mismo, ser inclusivo en sus pensamientos y acciones, ir más allá del gobierno y ser responsable de dar forma a su destino. Abrazar el espíritu estadounidense, abrazar el cambio y abrazar la conducta ética y la humanidad también son responsabilidades que los estadounidenses pueden adoptar para responder a su llamado a la grandeza. Al concluir el discurso inaugural de Nixon & rsquos, animó al pueblo estadounidense a poner un mayor énfasis en sus oportunidades en lugar de desesperarse. En general, los críticos recibieron este discurso de manera positiva, sin embargo, algunos creían que se debería haber puesto un mayor énfasis en cómo abordar los problemas que estaba experimentando el país.

Investigación sobre la vida de Nixon

Richard Milhous Nixon nació el 9 de enero de 1913 en Yorba Linda California. Murió el 22 de abril de 1994. Nixon se graduó de Whittier College en 1934 y de la Facultad de Derecho de la Universidad de Duke en 1937. Nixon tuvo una historia política histórica que incluyó la elección a la Cámara de Representantes de EE. UU. En 1947, la elección al Senado de EE. UU. En 1951, Vicepresidente de 1953-1961 bajo la presidencia de Eisenhower y, finalmente, elección como presidente de Estados Unidos en 1968.

Sin embargo, el momento decisivo de Nixon & rsquos fue su renuncia a la presidencia de Estados Unidos el 9 de agosto de 1974. Esa renuncia, la primera y única en la historia de Estados Unidos hasta ahora, se debió principalmente al escándalo de Watergate y las secuelas de ese evento. Durante los últimos años de Nixon & rsquos después de renunciar a la presidencia, recuperó el respeto y el apoyo del Partido Republicano como un estadista mayor y líder del partido. La decisión de Nixon & rsquos de renunciar se describió a sí mismo como un intento de comenzar un proceso de curación en Estados Unidos.

Nixon escribió numerosos libros y publicaciones que detallan su papel en la vida pública y la política exterior después de dejar la presidencia. Algunos de los escritos de Nixon & rsquos incluyen:

  • La verdadera guerra (1980)
  • Líderes (1982)
  • Paz real (1983)
  • En la arena (1990)
  • Más allá de la paz (1994)

Nixon y Watergate

Los informes iniciales de los medios de comunicación sobre el robo de Watergate no vincularon a Nixon con el escándalo. Según el Washington Post, "no hubo una explicación inmediata de por qué los cinco sospechosos querrían molestar a las oficinas del Comité Nacional Demócrata o si estaban trabajando o no para otras personas u organizaciones". El fiscal federal adjunto que procesaba el caso, Earl Silbert, describió a los hombres como "profesionales con un propósito clandestino" (Lewis A02). Durante los dos años posteriores al robo, se hizo cada vez más claro que tanto Nixon como el partido republicano desempeñaron un papel en la planificación e implementación del robo de Watergate.

El robo ocurrió durante la campaña presidencial estadounidense de 1972, que finalmente fue una victoria aplastante para Nixon. Sin embargo, a medida que la investigación continuaba, las pruebas vinculaban a los ladrones con el Comité para la reelección del presidente, un grupo apoyado por Nixon y los republicanos.

En última instancia, el encubrimiento que Nixon intentó orquestar hizo más daño al 37º presidente que el crimen en sí. Las fechorías de Nixon & rsquos asociadas con Watergate en realidad comenzaron en 1971 cuando creó una organización llamada Unidad de Investigaciones Especiales. A esta organización se le encomendó la responsabilidad de desenterrar secretos de política exterior asociados con las políticas de Nixon & rsquos Vietnam. La organización adquirió el sobrenombre de & ldquothe fontaneros & rdquo, una referencia indirecta a la tarea de arreglar las fugas. Como lo demostraría la historia, la creación de esta organización fue inconstitucional, lo cual fue consistente con el papel de Nixon & rsquos en Watergate. La creación de esta organización también resultó ser la base de uno de los artículos de acusación que se presentó contra Nixon antes de su renuncia.

La caída de Nixon & rsquos comenzó con el lanzamiento de cintas grabadas en la oficina oval. Estas cintas revelaron varias cosas. Al parecer, Nixon sabía sobre el allanamiento, ordenó a la CIA que se mantuviera al margen de la investigación del allanamiento y, en octubre de 1973, Nixon despidió a Archibald Cox, el fiscal especial asignado al caso. Cox fue asignado originalmente para recuperar las cintas asociadas con el sistema de grabación Nixon & rsquos. Hacerlo permitió a Cox revisar la evidencia contra Nixon y determinar qué papel desempeñaría el Departamento de Justicia con respecto a las fechorías de Nixon & rsquos. Después de eso, se nombró a otro fiscal especial, Leon Jaworski.

La cinta & ldquosmoking gun & rdquo fue lanzada el 23 de julio de 1972. Esta cinta reveló el papel de Nixon & rsquos en el encubrimiento. Esta cinta también ilustró los roles que otros compinches de Nixon jugaron en el escándalo. Varios de los asociados de Nixon & rsquos dimitieron durante este tiempo, incluido el Fiscal General Elliot Richardson y el diputado de Richardson & rsquos William Ruckelshaus.

Estas renuncias fueron perjudiciales para Nixon. Esta retirada de un presidente una vez popular resultó ser el comienzo de la caída de la popularidad del presidente y los rsquos. El fiscal especial encontró 64 cintas más que fueron perjudiciales para Nixon. El país no quiso involucrarse en otro escándalo. La nación todavía se estaba recuperando del conflicto de Vietnam y estaba ansiosa por restaurar la estabilidad y la integridad de la democracia.

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Discurso inaugural: Richard Nixon - HISTORIA

Sr. Vicepresidente, Sr. Portavoz, Sr. Presidente del Tribunal Supremo, Senador Cook, Sra. Eisenhower y mis conciudadanos de este gran y buen país que compartimos juntos:

Cuando nos reunimos aquí hace cuatro años, Estados Unidos estaba deprimido de espíritu, deprimido por la perspectiva de una guerra aparentemente interminable en el extranjero y de un conflicto destructivo en casa. Al reunirnos hoy aquí, nos encontramos en el umbral de una nueva era de paz en el mundo.

La pregunta central que tenemos ante nosotros es: ¿Cómo usaremos esa paz? Resolvamos que esta era en la que estamos a punto de entrar no será la que han sido tantas otras épocas de posguerra: una época de retirada y aislamiento que lleva al estancamiento en casa e invita a nuevos peligros en el exterior.

Resolvamos que esto será lo que puede llegar a ser: una época de grandes responsabilidades asumidas en gran medida, en la que renovamos el espíritu y la promesa de Estados Unidos al entrar en nuestro tercer siglo como nación.

El año pasado se vieron resultados de gran alcance de nuestras nuevas políticas para la paz. Al continuar revitalizando nuestras amistades tradicionales y mediante nuestras misiones a Pekín y Moscú, pudimos sentar las bases para un patrón de relaciones nuevo y más duradero entre las naciones del mundo. Debido a las audaces iniciativas de Estados Unidos, 1972 será recordado durante mucho tiempo como el año del mayor progreso desde el final de la Segunda Guerra Mundial hacia una paz duradera en el mundo. La paz que buscamos en el mundo no es la paz frágil que es simplemente un interludio entre guerras, sino una paz que puede perdurar para las generaciones venideras.

Es importante que comprendamos tanto la necesidad como las limitaciones del papel de Estados Unidos en el mantenimiento de esa paz. A menos que en Estados Unidos trabajemos para preservar la paz, no habrá paz.

A menos que en Estados Unidos trabajemos para preservar la libertad, no habrá libertad.

Pero entendamos claramente la nueva naturaleza del papel de Estados Unidos, como resultado de las nuevas políticas que hemos adoptado durante estos últimos cuatro años.

Respetaremos nuestros compromisos en virtud del tratado.

Apoyaremos enérgicamente el principio de que ningún país tiene derecho a imponer su voluntad o gobernar a otro por la fuerza. Continuaremos, en esta era de negociación, trabajando por la limitación de las armas nucleares y por reducir el peligro de enfrentamiento entre las grandes potencias. Haremos nuestra parte en la defensa de la paz y la libertad en el mundo. Pero esperaremos que otros hagan su parte. Ha pasado el tiempo en que Estados Unidos hará nuestro el conflicto de todas las demás naciones, o hará que el futuro de todas las demás naciones sea nuestra responsabilidad, o presumirá de decirle a la gente de otras naciones cómo manejar sus propios asuntos. Así como respetamos el derecho de cada nación a determinar su propio futuro, también reconocemos la responsabilidad de cada nación de asegurar su propio futuro. Así como el papel de Estados Unidos es indispensable para preservar la paz del mundo, el papel de cada nación es indispensable para preservar su propia paz. Junto con el resto del mundo, resolvamos avanzar desde los inicios que hemos hecho. Sigamos derribando los muros de hostilidad que han dividido al mundo durante demasiado tiempo, y construyamos en su lugar puentes de entendimiento, para que a pesar de las profundas diferencias entre los sistemas de gobierno, los pueblos del mundo puedan ser amigos.

Construyamos una estructura de paz en el mundo en el que los débiles estén tan seguros como los fuertes, en el que cada uno respete el derecho del otro a vivir según un sistema diferente, en el que los que quieran influir en otros lo hagan con la fuerza. de sus ideas, y no por la fuerza de sus brazos.

Aceptemos esa gran responsabilidad no como una carga, sino con gusto, porque la oportunidad de construir esa paz es el esfuerzo más noble en el que una nación puede participar con gusto, también, porque solo si actuamos en gran medida para cumplir con nuestras responsabilidades en el extranjero, lo lograremos. seguirá siendo una gran nación, y solo si seguimos siendo una gran nación actuaremos en gran medida para enfrentar nuestros desafíos en casa. Hoy tenemos la oportunidad de hacer más que nunca en nuestra historia para mejorar la vida en Estados Unidos, para garantizar una mejor educación, mejor salud, mejor vivienda, mejor transporte, un medio ambiente más limpio, para restaurar el respeto por la ley, para hacer que nuestras comunidades sean más habitable, y para asegurar el derecho otorgado por Dios a todos los estadounidenses a tener oportunidades plenas e iguales. Debido a que la variedad de nuestras necesidades es tan grande, debido a que el alcance de nuestras oportunidades es tan grande, seamos valientes en nuestra determinación de satisfacer esas necesidades de nuevas maneras. Así como construir una estructura de paz en el extranjero ha requerido apartarse de las viejas políticas que fracasaron, construir una nueva era de progreso en el país requiere apartarse de las viejas políticas que han fracasado. En el extranjero, el cambio de políticas antiguas a nuevas no ha sido un retroceso de nuestras responsabilidades, sino un mejor camino hacia la paz. Y en casa, el cambio de las viejas políticas a las nuevas no será un retiro de nuestras responsabilidades, sino una mejor manera de progresar. En el extranjero y en casa, la clave de esas nuevas responsabilidades radica en la colocación y la división de responsabilidades. Hemos vivido demasiado tiempo con las consecuencias de intentar reunir todo el poder y la responsabilidad en Washington. En el extranjero y en casa, ha llegado el momento de alejarse de las políticas condescendientes del paternalismo, de "Washington sabe más". Se puede esperar que una persona actúe responsablemente sólo si tiene la responsabilidad. Esta es la naturaleza humana. Por lo tanto, animemos a las personas en el país y a las naciones en el extranjero a que hagan más por sí mismos, a que decidan más por sí mismos. Ubiquemos la responsabilidad en más lugares. Midamos lo que haremos por los demás por lo que ellos harán por sí mismos. Es por eso que hoy no ofrezco ninguna promesa de una solución puramente gubernamental para cada problema. Hemos vivido demasiado con esa falsa promesa. Al confiar demasiado en el gobierno, le hemos pedido más de lo que puede ofrecer. Esto solo conduce a expectativas infladas, a un esfuerzo individual reducido y a una decepción y frustración que erosionan la confianza tanto en lo que puede hacer el gobierno como en lo que puede hacer la gente.

El gobierno debe aprender a quitarle menos a la gente para que la gente pueda hacer más por sí misma. Recordemos que Estados Unidos no fue construido por el gobierno, sino por la gente, no por la asistencia social, sino por el trabajo, no eludiendo la responsabilidad, sino buscando la responsabilidad.

En nuestras propias vidas, que cada uno de nosotros se pregunte, no solo qué hará el gobierno por mí, sino ¿qué puedo hacer yo por mí mismo? En los desafíos que enfrentamos juntos, que cada uno de nosotros pregunte, no solo cómo puede ayudar el gobierno, sino ¿cómo puedo ayudar yo? Su Gobierno Nacional tiene un papel importante y vital que desempeñar. Y les prometo que donde este Gobierno deba actuar, actuaremos con valentía y lideraremos con valentía. Pero igualmente importante es el papel que todos y cada uno de nosotros debemos desempeñar, como individuo y como miembro de su propia comunidad.

A partir de este día, cada uno de nosotros se compromete solemnemente en su propio corazón: asumir su responsabilidad, hacer su parte, vivir sus ideales, para que juntos podamos ver el amanecer de una nueva era de progreso para América. , y juntos, al celebrar nuestro 200 aniversario como nación, podemos hacerlo orgullosos del cumplimiento de nuestra promesa a nosotros mismos y al mundo.

A medida que la guerra más larga y difícil de Estados Unidos llega a su fin, aprendamos nuevamente a debatir nuestras diferencias con cortesía y decencia. Y que cada uno de nosotros busque esa cualidad preciosa que el gobierno no puede proporcionar: un nuevo nivel de respeto por los derechos y sentimientos mutuos, un nuevo nivel de respeto por la dignidad humana individual, que es el preciado derecho de nacimiento de todo estadounidense.

Por encima de todo, ha llegado el momento de renovar nuestra fe en nosotros mismos y en Estados Unidos.

En los últimos años, esa fe ha sido desafiada. A nuestros hijos se les ha enseñado a sentirse avergonzados de su país, avergonzados de sus padres, avergonzados del historial de Estados Unidos en casa y de su papel en el mundo. En todo momento, hemos sido acosados ​​por aquellos que encuentran que todo está mal en Estados Unidos y poco que está bien. Pero estoy seguro de que este no será el juicio de la historia sobre estos tiempos extraordinarios en los que tenemos el privilegio de vivir. El historial de Estados Unidos en este siglo ha sido incomparable en la historia del mundo por su responsabilidad, por su generosidad, por su creatividad y por su progreso.

Estemos orgullosos de que nuestro sistema haya producido y proporcionado más libertad y abundancia, más ampliamente compartida, que cualquier otro sistema en la historia del mundo.

Estemos orgullosos de que en cada una de las cuatro guerras en las que hemos estado involucrados en este siglo, incluida la que ahora estamos poniendo fin, no hemos luchado por nuestra ventaja egoísta, sino para ayudar a otros a resistir la agresión. Estemos orgullosos de que con nuestras nuevas iniciativas audaces y nuestra firmeza por la paz con honor, hemos logrado un gran avance hacia la creación en el mundo de lo que el mundo no ha conocido antes: una estructura de paz que puede durar, no simplemente para nuestro tiempo, pero para las generaciones venideras.

Nos estamos embarcando aquí hoy en una era que presenta grandes desafíos como los que cualquier nación o generación ha enfrentado.

Responderemos a Dios, a la historia y a nuestra conciencia por la forma en que utilizamos estos años. Mientras estoy en este lugar, tan santificado por la historia, pienso en otros que han estado aquí antes que yo. Pienso en los sueños que tenían para Estados Unidos, y pienso en cómo cada uno reconoció que necesitaba ayuda mucho más allá de sí mismo para hacer realidad esos sueños.

Hoy, les pido sus oraciones para que en los años venideros pueda tener la ayuda de Dios para tomar decisiones que sean correctas para Estados Unidos, y oro por su ayuda para que juntos podamos ser dignos de nuestro desafío.

Prometamos juntos hacer de estos próximos cuatro años los mejores cuatro años en la historia de Estados Unidos, para que en su 200 aniversario Estados Unidos sea tan joven y tan vital como cuando comenzó, y un faro de esperanza tan brillante para todo el mundo.

Sigamos adelante desde aquí confiados en la esperanza, fuertes en nuestra fe los unos en los otros, sostenidos por nuestra fe en Dios que nos creó, y esforzándonos siempre por cumplir su propósito.


Los estadounidenses aman un desfile: la historia de los desfiles inaugurales presidenciales

Al enterarse de que su elección como presidente era oficial, George Washington viajó tranquilamente durante un período de siete días desde su casa en Mount Vernon hasta la capital temporal del país en la ciudad de Nueva York, montando a caballo por Alexandria, Georgetown, Washington, Filadelfia y Baltimore. . Multitudes de entusiastas multitudes vitorearon a Washington a lo largo de los muchos kilómetros de su viaje y lo trataron como a la realeza, coronándolo con coronas de laurel, organizando banquetes en su honor y saludándolo con fuego de cañón. Los miembros leales de las milicias locales se unieron a la procesión de Washington a Nueva York en números cada vez mayores, como si estuvieran siguiendo a un flautista irresistible. Los miembros del Ejército Continental, legisladores, líderes políticos y ciudadanos estadounidenses comunes que se reunieron en Nueva York para la toma de posesión el 30 de abril de 1789, también se unieron al "desfile" de Washington cuando partió en un carruaje de la casa del gobernador George Clinton. donde se había alojado, hasta los escalones del Federal Hall para la ceremonia. Las multitudes de admiradores invadieron Washington por tercera vez después de que terminó su discurso inaugural y lo acompañaron mientras caminaba hacia un servicio de oración en la Capilla de San Pablo. En los años siguientes, desfiles improvisados ​​de simpatizantes también escoltaron a John Adams y Thomas Jefferson a sus tomas de posesión.

Los desfiles espontáneos dan paso a las procesiones planificadas oficialmente

Aunque Thomas Jefferson fue el primer presidente en ser investido en la nueva capital de Washington, D.C., prefirió una atmósfera más moderada para su ceremonia que el boato y el esplendor de la toma de posesión de Washington. Por lo tanto, decidió caminar con algunos amigos desde su hotel hasta el Capitolio. Después de prestar juramento y pronunciar su discurso inaugural, Jefferson regresó a su hotel y cenó. Después de su segunda ceremonia inaugural en 1805, Jefferson viajó desde el Capitolio a la Casa Blanca a caballo y estuvo acompañado por varios cientos de simpatizantes que incluían mecánicos del astillero naval cercano, congresistas y diplomáticos. La Marine Band también se unió al desfile y tocó música patriótica mientras marchaban.

Los desfiles inaugurales continuaron siendo eventos espontáneos y no planificados hasta la inauguración de James Madison en 1809. Se organizó un desfile oficial que incluía una unidad de caballería de Georgetown para escoltar a Madison hasta el Capitolio. Los desfiles inaugurales oficialmente planeados continuaron precediendo a la ceremonia inaugural hasta 1873. Sin embargo, en los últimos años del siglo XIX, el desfile inaugural se había transformado en un evento mucho más grandioso y más lento que involucraba a miles de participantes. Así que se decidió que el desfile ya no precedería a la ceremonia inaugural, sino que lo seguiría como una celebración pública a gran escala.

Tradiciones Modernas

El desfile inaugural de hoy continúa después de la ceremonia inaugural y sirve como una celebración de dos horas que no solo disfrutan las miles de personas que se alinean en las calles de Washington, sino también los millones que miran por televisión. Después de que la nueva administración juramentada disfruta de un almuerzo en el Salón de las Estatuas del Capitolio, ¡comienza el desfile! El presidente y su cónyuge encabezan el camino por Pennsylvania Avenue, seguidos por el vicepresidente y su cónyuge, hasta la Casa Blanca. La mayoría de los presidentes optan por viajar en limusina, pero pueden detenerse en ciertos puntos del camino, dejar el automóvil y saludar a los partidarios que lo vitorean. Una vez que el presidente y el vicepresidente llegan a la Casa Blanca, ellos y sus cónyuges se unen a los invitados especiales en el puesto de revisión, una sección de observación especial construida específicamente para cada desfile inaugural y diseñada para la comodidad y la seguridad. Tras el asesinato de John F. Kennedy, cada puesto de revisión ha sido revestido con vidrio a prueba de balas para garantizar que el presidente esté a salvo.

Desde el puesto de revisión, la nueva administración del país disfruta del resto del desfile, un gran espectáculo festivo que presenta a miles de manifestantes, bandas militares y de escuelas secundarias que tocan música patriótica, porristas deslumbrantes, grupos de ciudadanos orgullosos y regimientos militares que representan a todos. ramas de las fuerzas armadas. Las carrozas elaboradamente decoradas que celebran la vida estadounidense en los cincuenta estados también deleitan a las multitudes. El récord de la mayor cantidad de manifestantes en un desfile inaugural se estableció en 1913 para la inauguración de Woodrow Wilson. Más de 40.000 personas participaron en ese desfile. Sin embargo, el desfile que celebra la inauguración de Dwight Eisenhower tiene el récord de mayor duración. ¡Aquellos que vieron la totalidad del desfile de Eisenhower estuvieron de pie durante cuatro horas y treinta y nueve minutos!

Con la pandemia de COVID-19 matando a miles de estadounidenses al día, el Comité de Inauguración Presidencial está orquestando cambios importantes en las celebraciones de inauguración de 2021 de Joe Biden. Para garantizar la salud y la seguridad de todos, la celebración contará con el primer & # 8220Virtual Parade Across America & # 8221 en lugar del tradicional desfile que normalmente atrae a cientos de miles. El desfile virtual incluirá un video del nuevo presidente, vicepresidente y sus familias procesando a la Casa Blanca, así como actos musicales, poetas, grupos de baile y otros animadores de diferentes estados. Nota de los planificadores inaugurales, & # 8220El desfile celebrará a los héroes de Estados Unidos, destacará a los estadounidenses de todos los ámbitos de la vida en diferentes estados y regiones, y reflejará la diversidad, la herencia y la resiliencia del país. & # 8221 El desfile virtual se transmitirá por televisión y el Internet para garantizar que todos los estadounidenses puedan verlo.

Momentos históricos a lo largo de la ruta del desfile

  • Desde el momento en que Washington partió desde su casa en Mount Vernon escoltado por entusiastas partidarios hasta su toma de posesión, el pueblo estadounidense ha honrado a sus nuevos presidentes con desfiles festivos. Muchos desfiles han incluido manifestantes y carrozas que revelaron aspectos importantes de la vida del nuevo presidente o temas de preocupación para la época.
  • Thomas Jefferson caminó hacia y desde su primera ceremonia inaugural en 1801, pero eligió montar a caballo desde el Capitolio hasta la Casa Blanca después de prestar juramento para su segunda toma de posesión en 1805. Jefferson fue el único presidente que alguna vez caminó hacia y desde una ceremonia inaugural. ceremonia.
  • El primer desfile a gran escala acompañó a Andrew Jackson desde el Capitolio hasta la Casa Blanca en 1829. El desfile de Jackson fue seguido por una recepción pública en la Casa Blanca, que fue celebrada por una multitud famosa y ruidosa que destruyó muchos de los muebles interiores. En años posteriores, el desfile reemplazó a las recepciones públicas como celebración pública principal.
  • Las carrozas se utilizaron por primera vez en el desfile inaugural de Martin Van Buren en 1837.
  • Con los años, los desfiles se hicieron cada vez más largos, y el desfile que celebró la investidura de Zachary Taylor en 1849 fue tan largo que tomó una hora pasar por cualquier punto a lo largo de la ruta del desfile.
  • Una reproducción del U.S.S. Constitución fue diseñado como una carroza para el desfile inaugural de 1857 de James Buchanan.
  • En 1861, el desfile de la primera toma de posesión de Abraham Lincoln incluyó una serie de carrozas, incluida una decorada en rojo, blanco y azul que transportó a treinta y cuatro jóvenes que representaban a cada uno de los estados actuales. ¡Las treinta y cuatro chicas asistieron a una recepción más tarde ese día y rodearon a Lincoln, quien las levantó y besó a todas y cada una de ellas!
  • Los nativos americanos y los afroamericanos participaron en el desfile inaugural por primera vez en 1865 para la segunda inauguración de Lincoln. Los afroamericanos que marcharon representaban a organizaciones civiles, así como a un batallón militar.
  • En 1869, el desfile inaugural de Ulysses S. Grant incluyó ocho divisiones militares.
  • Antes de 1873, el desfile inaugural y la procesión del presidente electo al Capitolio eran el mismo evento. Sin embargo, eso cambió para la segunda inauguración de Grant cuando el desfile inaugural oficial se convirtió en un nuevo evento que siguió a la ceremonia inaugural.
  • El año 1877 fue testigo de las primeras elecciones reñidas del país. Rutherford Hayes fue declarado ganador presidencial solo dos días antes de la inauguración programada. Hayes prestó juramento como presidente en una ceremonia secreta celebrada en la Casa Blanca esa noche, solo dos días antes de la inauguración oficial en el Capitolio. Debido a que no había tiempo para planificar por adelantado, Hayes fue escoltado a la Casa Blanca en un desfile de antorchas de último minuto.
  • El primer puesto de revisión del desfile frente a la Casa Blanca se construyó para el desfile inaugural de James Garfield en 1881.
  • En 1897 William McKinley se sentó en el primer puesto de revisión con mampara de vidrio.
  • Theodore Roosevelt estableció un nuevo estándar para los desfiles inaugurales en 1905. Casi 35.000 personas marcharon, incluidos vaqueros, mineros de carbón de Pensilvania y sus Rough Riders (miembros de la unidad de caballería de Roosevelt durante la Guerra Hispanoamericana) a caballo.
  • William Taft fue el primer presidente cuya esposa lo acompañó desde el Capitolio hasta la Casa Blanca.
  • Las mujeres participaron en el desfile inaugural por primera vez en la inauguración de Woodrow Wilson en 1917.
  • Warren Harding fue el primer presidente en viajar hacia y desde el Capitolio en un automóvil.
  • Los aviones aparecieron por primera vez en el desfile inaugural de Herbert Hoover en 1929.
  • El desfile inaugural de 1953 de Dwight Eisenhower fue el desfile más largo jamás realizado. La procesión se prolongó durante diez millas, y los aproximadamente 750.000 espectadores que presenciaron todo el desfile tuvieron que permanecer de pie cuatro horas y treinta y nueve minutos para ver su totalidad. El desfile contó con numerosas carrozas que retratan escenas de la vida de Eisenhower y una tortuga viva ondeando la bandera estadounidense con sus patas delanteras. Eisenhower incluso había accedido a que el vaquero de la televisión Monte Montana lo enlazara, una maniobra que no lo hizo querer por el Servicio Secreto.
  • Debido a que la nieve cubrió el terreno para la toma de posesión de John F. Kennedy en 1961, se utilizaron lanzallamas del ejército para derretir la nieve de la avenida Pennsylvania y así poder realizar el desfile. Más de 32.000 personas marcharon en este desfile. El desfile incluyó un bote PT (torpedo de patrulla) en honor al servicio de guerra de Kennedy, así como misiles nucleares transportados en camiones.
  • Protestors first appeared at an inaugural parade in 1969. Hundreds of citizens who condemned the Vietnam War burned small American flags and chanted protests such as “Four more years of death” at Richard Nixon’s inaugural parade.
  • Following the inaugural luncheon in 1977, Jimmy Carter and his wife entered the limousine for the parade, but then decided they would walk instead. Carter and his wife thus became the only president and first lady to walk the entire one and a half miles from the Capitol to the White House. However, in subsequent years George and Barbara Bush, Bill and Hillary Clinton, George W. and Laura Bush, Barack and Michelle Obama, and Donald and Melania Trump all chose to walk part of the parade route from the Capitol.
  • Protestors were granted permits and allocated space along the parade route for the first time during George W. Bush’s 2001 inaugural parade. Bush had won the Electoral College but not the popular vote in a hotly contested election, leaving many Americans furious over the election results. Thousands chose to assert their displeasure by hoisting posters at the parade proclaiming “Hail to the Thief” and “Supreme Injustice.” History repeated itself in 2016 when Hillary Clinton won the popular vote, but lost the Electoral College to Donald Trump. Again thousands of protestors took to the streets on Inauguration Day near the parade route to voice their outrage. Most protestors demonstrated peacefully with signs and chants, but some resorted to vandalism, resulting in over two hundred arrests.

Lee mas

  • Read an expanded list of precedents and historic inaugural events at: lcweb2.loc.gov.
  • Read a history of the inaugural parade and other inaugural events on the U.S. Senate website.

Reference Sources

Angelo, Bonnie. First Families: The Impact of the White House on Their Lives. New York: HarperCollins, 2005.

Bendat, Jim. Democracy’s Big Day: The Inauguration of our President 1789-2009. New York: iUniverse Star, 2008.

Hess, Stephen. What Do We Do Now? A Workbook for the President-Elect. Washington, D.C.: Brookings Institution Press, 2008.

Santella, Andrew. NOSOTROS. Presidential Inaugurations. New York: Children’s Press, 2002.

Wagner, Heather Lehr. The Presidency. New York: Chelsea House, 2007.

Recursos en línea

Editor’s Note: Website links listed in angle brackets are no longer available. References with no links are fee-based encyclopedia sites.

“From George Washington to George Bush, Speeches and Parades, Dances and Tradition.” New York Times. 19 December 2008. <www.nytimes.com/1989/01/21/politics/1989inaug-history.html>

“Inaugural History.” 13 November 2008.
<www.pbs.org/newshour/inauguration/history.html>

“Inaugural Parade.” 2 January 2009.
<http://inaugural.senate.gov/history/daysevents/inauguralparade.cfm>

“Inaugurals of Presidents of the United States: Some Precedents and Notable Events.” Library of Congress. 13 November 2008.
http://lcweb2.loc.gov/ammem/pihtml/pinotable.html

“Inauguration Day.” Encyclopedia Americana Online. 2 January 2009.

“The Inauguration of George Washington, 1789.” 3 January 2009.
www.eyewitnesstohistory.com/washingtoninaug.htm

“Truman and Eisenhower: When the Man Who Loved Roads Met the Man Who Changed America.” History Highway. 2 January 2009.
http://www.fhwa.dot.gov/infrastructure/met.cfm

©2021 Geri Zabela Eddins The National Children’s Book and Literacy Alliance


Inaugural Address: Richard Nixon - HISTORY



RICHARD NIXON FOR HIS SECOND TERM - 1973


Go here for more about Richard Nixon .

Here is a video clip excerpt of Nixon's speech. Scroll down for the transcript.


It follows the full text transcript of Richard Nixon's Second Inaugural Address, delivered on the East Portico of the U.S. Capitol at Washington D.C. - January 20, 1973.



When we met here four years ago, America was bleak in spirit, depressed by the prospect of seemingly endless war abroad and of destructive conflict at home.

As we meet here today, we stand on the threshold of a new era of peace in the world.

The central question before us is: How shall we use that peace? Let us resolve that this era we are about to enter will not be what other postwar periods have so often been: a time of retreat and isolation that leads to stagnation at home and invites new danger abroad.

Let us resolve that this will be what it can become: a time of great responsibilities greatly borne, in which we renew the spirit and the promise of America as we enter our third century as a nation.

This past year saw far-reaching results from our new policies for peace. By continuing to revitalize our traditional friendships, and by our missions to Peking and to Moscow, we were able to establish the base for a new and more durable pattern of relationships among the nations of the world. Because of America's bold initiatives, 1972 will be long remembered as the year of the greatest progress since the end of World War II toward a lasting peace in the world.

The peace we seek in the world is not the flimsy peace which is merely an interlude between wars, but a peace which can endure for generations to come.

It is important that we understand both the necessity and the limitations of America's role in maintaining that peace.

Unless we in America work to preserve the peace, there will be no peace.

Unless we in America work to preserve freedom, there will be no freedom.

But let us clearly understand the new nature of America's role, as a result of the new policies we have adopted over these past four years.

We shall respect our treaty commitments.

We shall support vigorously the principle that no country has the right to impose its will or rule on another by force.

We shall continue, in this era of negotiation, to work for the limitation of nuclear arms, and to reduce the danger of confrontation between the great powers.

We shall do our share in defending peace and freedom in the world. But we shall expect others to do their share.

The time has passed when America will make every other nation's conflict our own, or make every other nation's future our responsibility, or presume to tell the people of other nations how to manage their own affairs.

Just as we respect the right of each nation to determine its own future, we also recognize the responsibility of each nation to secure its own future.

Just as America's role is indispensable in preserving the world's peace, so is each nation's role indispensable in preserving its own peace.

Together with the rest of the world, let us resolve to move forward from the beginnings we have made. Let us continue to bring down the walls of hostility which have divided the world for too long, and to build in their place bridges of understanding, so that despite profound differences between systems of government, the people of the world can be friends.

Let us build a structure of peace in the world in which the weak are as safe as the strong, in which each respects the right of the other to live by a different system, in which those who would influence others will do so by the strength of their ideas, and not by the force of their arms.

Let us accept that high responsibility not as a burden, but gladly, gladly because the chance to build such a peace is the noblest endeavor in which a nation can engage gladly, also, because only if we act greatly in meeting our responsibilities abroad will we remain a great Nation, and only if we remain a great Nation will we act greatly in meeting our challenges at home.

We have the chance today to do more than ever before in our history to make life better in America, to ensure better education, better health, better housing, better transportation, a cleaner environment, to restore respect for law, to make our communities more livable, and to insure the God-given right of every American to full and equal opportunity.

Because the range of our needs is so great, because the reach of our opportunities is so great, let us be bold in our determination to meet those needs in new ways.

Just as building a structure of peace abroad has required turning away from old policies that failed, so building a new era of progress at home requires turning away from old policies that have failed.

Abroad, the shift from old policies to new has not been a retreat from our responsibilities, but a better way to peace.

And at home, the shift from old policies to new will not be a retreat from our responsibilities, but a better way to progress.

Abroad and at home, the key to those new responsibilities lies in the placing and the division of responsibility. We have lived too long with the consequences of attempting to gather all power and responsibility in Washington.

Abroad and at home, the time has come to turn away from the condescending policies of paternalism of "Washington knows best."

A person can be expected to act responsibly only if he has responsibility. This is human nature. So let us encourage individuals at home and nations abroad to do more for themselves, to decide more for themselves. Let us locate responsibility in more places. Let us measure what we will do for others by what they will do for themselves.

That is why today I offer no promise of a purely governmental solution for every problem. We have lived too long with that false promise. In trusting too much in government, we have asked of it more than it can deliver. This leads only to inflated expectations, to reduced individual effort, and to a disappointment and frustration that erode confidence both in what government can do and in hat people can do.

Government must learn to take less from people so that people an do more for themselves.

Let us remember that America was built not by government, but by people--not by welfare, but by work--not by shirking responsibility, but by seeking responsibility.

In our own lives, let each of us ask, not just what will government do for me, but what can I do for myself?

In the challenges we face together, let each of us ask, not just how can government help, but how can I help?

Your National Government has a great and vital role to play. And I pledge to you that where this Government should act, we will act boldly and we will lead boldly. But just as important is the role that each and every one of us must play, as an individual and as a member of his own community.

From this day forward, let each of us make a solemn commitment in his own heart: to bear his responsibility, to do his part, to live his ideals, so that together, we can see the dawn of a new age of progress for America, and together, as we celebrate our 200th anniversary as a nation, we can do so proud in the fulfillment of our promise to ourselves and to the world.

As America's longest and most difficult war comes to an end, let us again learn to debate our differences with civility and decency. And let each of us reach out for that one precious quality government cannot provide a new level of respect for the rights and feelings of one another, a new level of respect for the individual human dignity which is the cherished birthright of every American.

Above all else, the time has come for us to renew our faith in ourselves and in America.

In recent years, that faith has been challenged. Our children have been taught to be ashamed of their country, ashamed of their parents, ashamed of America's record at home and of its role in the world. At every turn, we have been beset by those who find everything wrong with America and little that is right. But I am confident that this will not be the judgment of history on these remarkable times in which we are privileged to live.

America's record in this century has been unparalleled in the world's history for its responsibility, for its generosity, for its creativity and for its progress.

Let us be proud that our system has produced and provided more freedom and more abundance, more widely shared, than any other system in the history of the world.

Let us be proud that in each of the four wars in which we have been engaged in this century, including the one we are now bringing to an end, we have fought not for our selfish advantage, but to help others resist aggression.

Let us be proud that by our bold, new initiatives, and by our steadfastness for peace with honor, we have made a break-through toward creating in the world what the world has not known before, a structure of peace that can last, not merely for our time, but for generations to come.

We are embarking here today on an era that presents challenges great as those any nation, or any generation, has ever faced.

We shall answer to God, to history, and to our conscience for the way in which we use these years.

As I stand in this place, so hallowed by history, I think of others who have stood here before me. I think of the dreams they had for America, and I think of how each recognized that he needed help far beyond himself in order to make those dreams come true.

Today, I ask your prayers that in the years ahead I may have God's help in making decisions that are right for America, and I pray for your help so that together we may be worthy of our challenge.

Let us pledge together to make these next four years the best four years in America's history, so that on its 200th birthday America will be as young and as vital as when it began, and as bright a beacon of hope for all the world.

Let us go forward from here confident in hope, strong in our faith in one another, sustained by our faith in God who created us, and striving always to serve His purpose.


Richard Nixon inaugural address: Jan. 20, 1973

Mr. Vice President, Mr. Speaker, Mr. Chief Justice, Senator Cook, Mrs. Eisenhower, and my fellow citizens of this great and good country we share together:

When we met here 4 years ago, America was bleak in spirit, depressed by the prospect of seemingly endless war abroad and of destructive conflict at home.

As we meet here today, we stand on the threshold of a new era of peace in the world.

The central question before us is: How shall we use that peace?

Let us resolve that this era we are about to enter will not be what other postwar periods have so often been: a time of retreat and isolation that leads to stagnation at home and invites new danger abroad.

Let us resolve that this will be what it can become: a time of great responsibilities greatly borne, in which we renew the spirit and the promise of America as we enter our third century as a nation.

Inaugural Addresses

This past year saw far-reaching results from our new policies for peace. By continuing to revitalize our traditional friendships, and by our missions to Peking and to Moscow, we were able to establish the base for a new and more durable pattern of relationships among the nations of the world. Because of America&rsquos bold initiatives, 1972 will be long remembered as the year of the greatest progress since the end of World War II toward a lasting peace in the world.

U.S. President Richard Nixon extends his arms and fingers in a &ldquoV&rdquo sign as is wife Pat smiles at his side in limousine taking them along the inaugural parade route in Washington, D.C., Jan. 20, 1973. AP Photo

The peace we seek in the world is not the flimsy peace which is merely an interlude between wars, but a peace which can endure for generations to come.

It is important that we understand both the necessity and the limitations of America&rsquos role in maintaining that peace.

Unless we in America work to preserve the peace, there will be no peace.

Unless we in America work to preserve freedom, there will be no freedom.

But let us clearly understand the new nature of America&rsquos role, as a result of the new policies we have adopted over these past 4 years.

We shall respect our treaty commitments.

We shall support vigorously the principle that no country has the right to impose its will or rule on another by force.

We shall continue, in this era of negotiation, to work for the limitation of nuclear arms and to reduce the danger of confrontation between the great powers.

We shall do our share in defending peace and freedom in the world. But we shall expect others to do their share.

The time has passed when America will make every other nation&rsquos conflict our own, or make every other nation&rsquos future our responsibility, or presume to tell the people of other nations how to manage their own affairs.

Just as we respect the right of each nation to determine its own future, we also recognize the responsibility of each nation to secure its own future.

Just as America&rsquos role is indispensable in preserving the world&rsquos peace, so is each nation&rsquos role indispensable in preserving its own peace.

Together with the rest of the world, let us resolve to move forward from the beginnings we have made. Let us continue to bring down the walls of hostility which have divided the world for too long, and to build in their place bridges of understanding--so that despite profound differences between systems of government, the people of the world can be friends.

Let us build a structure of peace in the world in which the weak are as safe as the strong, in which each respects the right of the other to live by a different system, in which those who would influence others will do so by the strength of their ideas and not by the force of their arms.

President Nixon acknowledges the applause after delivering his inaugural address during his second inauguration at the Capitol in Washington, D.C., Jan. 20, 1973. AP Photo

Let us accept that high responsibility not as a burden, but gladly--gladly because the chance to build such a peace is the noblest endeavor in which a nation can engage gladly also because only if we act greatly in meeting our responsibilities abroad will we remain a great nation, and only if we remain a great nation will we act greatly in meeting our challenges at home.

We have the chance today to do more than ever before in our history to make life better in America--to ensure better education, better health, better housing, better transportation, a cleaner environment-to restore respect for law, to make our communities more livable--and to ensure the God-given right of every American to full and equal opportunity.

Because the range of our needs is so great, because the reach of our opportunities is so great, let us be bold in our determination to meet those needs in new ways.

Just as building a structure of peace abroad has required turning away from old policies that have failed, so building a new era of progress at home requires turning away from old policies that have failed.

Abroad, the shift from old policies to new has not been a retreat from our responsibilities, but a better way to peace.

And at home, the shift from old policies to new will not be a retreat from our responsibilities, but a better way to progress.

Abroad and at home, the key to those new responsibilities lies in the placing and the division of responsibility. We have lived too long with the consequences of attempting to gather all power and responsibility in Washington.

Abroad and at home, the time has come to turn away from the condescending policies of paternalism---of &ldquoWashington knows best.&rdquo

A person can be expected to act responsibly only if he has responsibility. This is human nature. So let us encourage individuals at home and nations abroad to do more for themselves, to decide more for themselves. Let us locate responsibility in more places. And let us measure what we will do for others by what they will do for themselves.

That is why today I offer no promise of a purely governmental solution for every problem. We have lived too long with that false promise. In trusting too much in government, we have asked of it more than it can deliver. This leads only to inflated expectations, to reduced individual effort, and to a disappointment and frustration that erode confidence both in what government can do and in what people can do.

Government must learn to take less from people so that people can do more for themselves.

Let us remember that America was built not by government, but by people not by welfare, but by work not by shirking responsibility, but by seeking responsibility.

In our own lives, let each of us ask-not just what will government do for me, but what can I do for myself?

In the challenges we face together, let each of us ask--not just how can government help, but how can I help?

Your National Government has a great and vital role to play. And I pledge to you that where this Government should act, we will act boldly and we will lead boldly. But just as important is the role that each and every one of us must play, as an individual and as a member of his own community.

From this day forward, let each of us make a solemn commitment in his own heart: to bear his responsibility, to do his part, to live his ideals--so that together we can see the dawn of a new age of progress for America, and together, as we celebrate our 200th anniversary as a nation, we can do so proud in the fulfillment of our promise to ourselves and to the world.

As America&rsquos longest and most difficult war comes to an end, let us again learn to debate our differences with civility and decency. And let each of us reach out for that one precious quality government cannot provide--a new level of respect for the rights and feelings of one another, a new level of respect for the individual human dignity which is the cherished birthright of every American.

Above all else, the time has come for us to renew our faith in ourselves and in America.

In recent years, that faith has been challenged.

Our children have been taught to be ashamed of their country, ashamed of their parents, ashamed of America&rsquos record at home and its role in the world.

At every turn we have been beset by those who find everything wrong with America and little that is right. But I am confident that this will not be the judgment of history on these remarkable times in which we are privileged to live.

America&rsquos record in this century has been unparalleled in the world&rsquos h!story for its responsibility, for its generosity, for its creativity, and for its progress.

Let us be proud that our system has produced and provided more freedom and more abundance, more widely shared, than any system in the history of the world.

Let us be proud that in each of the four wars in which we have been engaged in this century, including the one we are now bringing to an end, we have fought not for our selfish advantage, but to help others resist aggression.

And let us be proud that by our bold, new initiatives, by our steadfastness for peace with honor, we have made a breakthrough toward creating in the world what the world has not known before--a structure of peace that can last, not merely for our time, but for generations to come. We are embarking here today on an era that presents challenges as great as those any nation, or any generation, has ever faced.

We shall answer to God, to history, and to our conscience for the way in which we use these years.

As I stand in this place, so hallowed by history, I think of others who have stood here before me. I think of the dreams they had for America and I think of how each recognized that he needed help far beyond himself in order to make those dreams come true.

Today I ask your prayers that in the years ahead I may have God&rsquos help in making decisions that are right for America, and I pray for your help so that together we may be worthy of our challenge.

Let us pledge together to make these next four years the best four years in America&rsquos history, so that on its 200th birthday America will be as young and as vital as when it began, and as bright a beacon of hope for all the world.

Let us go forward from here confident in hope, strong in our faith in one another, sustained by our faith in God who created us, and striving always to serve His purpose.


Samuel Johnston
Elected but declined the office

*Republican Party - - is a defunct political party organized by Thomas Jefferson and James Madison in 1791. The Party went out of existence over the schism between John Quincy Adams and Andrew Jackson (both Republican candidates) over the Presidential election of 1824. Today, for the sake of expediency, political scientists incorrectly refer to it as the Democratic-Republican Party. Party members throughout its existence never utilized the name “Democratic-Republican.”


Nixon Pigeon-Proofed His Inaugural Parade Route

Mr. Shenkman is the editor of HNN and the author of Presidential Ambition: Gaining Power at Any Cost (HarperCollins).

Fun facts about inaugurations past:

Weirdest moment: At Harry Truman’s 1949 inaugural parade five B 36 bombers staged simulated attacks on the White House, flying within 1500 feet of the building. Unsurprisingly this is the only known instance where something like this occurred.

Oddest fact: Richard Nixon’s inaugural parade route was pigeon-proofed, officials spraying a chemical on Pennsylvania Avenue that the birds found offensive. The public was assured the spray wasn’t fatal.

Presidents who had a good time at their inaugurals: George Washington and William Henry Harrison, the only presidents prior to LBJ to dance at their inaugurals.* (Two others, James Polk and James Buchanan, banned dancing in the White House.)

President who had a bad time at his inaugural: Buchanan, who had to take a glass of brandy just prior to his swearing in to steady his nerves. Two weeks earlier he’d developed dysentery.

A case of forgetfulness: Buchanan’s inauguration was delayed twenty minutes when officials realized they’d forgotten to pick up the outgoing president, Franklin Pierce. He was found at the Willard Hotel and rushed to the platform.

Firsts: First to hold his inauguration outdoors: Monroe. First mother to see her son inaugurated: James Garfield's. First president to wear a regular business suit at his inauguration: LBJ.

Illicit chapter in the secret history of past inaugurals: FDR saw to it that his one-time paramour, Lucy Mercer, was invited to each of his four inaugurations. She attended every one, without, of course, Eleanor’s knowledge.

Next to worst rumor: Rutherford B. Hayes, inaugurated just two days after his selection by Congress in the disputed election of 1876, was warned that his defeated rival, Samuel B. Tilden, planned to stage a coup d’etat. Tilden stayed home, but many of his disappointed supporters showed up and gave Hayes a Bronx cheer, drowning out his address. (The worst rumor was the suspicion that Lincoln would be killed before he was sworn in.)

Biggest comedown for a new president: when he went upstairs at the White House to go to sleep Franklin Pierce discovered there was nowhere he could none of the beds had been made. Four years later he moved out of the White House a day early so his successor could get a head start.

Most misleading line: “we are all federalists, we are all republicans.” Within weeks of delivering this memorable bipartisan message, Thomas Jefferson began the wholesale firing of dozens of Federalist officeholders.

Most memorable lines: “With malice toward none with charity for all” (Lincoln) “the only thing we have to fear is fear itself” (FDR) “ask not what your country can do for you, but what you can do for your country” (JFK) “our long national nightmare is over” (Gerald Ford).

Incoming and outgoing presidents who had the least to say to each other: Andrew Jackson and John Quincy Adams (who declined to attend Jackson’s inauguration). FDR and Herbert Hoover (who sat stone-faced on the ride with his successor up Pennsylvania Avenue). Ike and Harry Truman (who declined, at the last minute, to go to Ike at his hotel, forcing Ike to go to him at the White House).

Two shortest inaugural addresses: Washington’s second (135 words) FDR’s fourth (573 words). Longest inaugural address: William Henry Harrison’s, which lasted over two hours.

Worst cases of bad timing: The day Martin van Buren was inaugurated the Panic of 1837 struck, closing banks and bankrupting businesses. Four years later, another panic struck, clouding the inauguration of William Henry Harrison, who was informed that the federal government was going bankrupt, forcing him to convene a special session of Congress to appropriate emergency funds.

Most honest confession: Following his inaugural William Howard Taft returned to the White House, plopped down in a chair and declared: “I am president now, and tired of being kicked around.”

Most deceptive moment: Buchanan pledged to abide by an upcoming Supreme Court ruling on slavery no matter how the Court ruled. Actually, he already knew the outcome having improperly pressured two justices to vote his way. (The ruling was in the infamous Dred Scot case.)

Caught fibbing: During the campaign Ronald Reagan repeatedly told a story about a veteran buried in Arlington Cemetery. Reagan was told the story wasn’t true. He didn’t care and told it again at his inauguration.

Clearest sign of how things have changed from the time of the Founding Fathers: After Jefferson delivered his address and took the oath he walked back to his hotel for lunch. His usual seat was taken by a guest and Jefferson had to stand and wait patiently until a female diner volunteered her seat.

Saddest facts about inaugurals past: Three presidents suffered deaths in the family around the time of their election. Andrew Jackson’s wife died as a result, claimed Jackson, of the opposition’s cruel campaign of slander and innuendo. Both Franklin Pierce and Calvin Coolidge lost sons. Pierce’s son died in a train crash before his parent’s eyes. Pierce’s wife blamed the president for the boy’s death, calling it God’s revenge. The husband-in-chief had lied to her. He’d claimed he hadn’t lifted a finger to win the nomination when of course, he had. She refused to attend his inaugural and delayed moving into the White House for a month. Coolidge’s son died from poisoning after a getting a blister while playing tennis on the White House grounds.

Finally, regrets: Little James Madison, nervous and introverted, remarked at the time of his inauguration, “I would much rather be in bed.”


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Inaugural Address: Richard Nixon - HISTORY



RICHARD NIXON GIVING HIS OATH OF OFFICE - 1969

Nixon's First Inaugural Address


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Here is the video clip of Nixon's First Inaugural Address. Scroll down for the transcript.

It follows the full text transcript of Richard Nixon's First Inaugural Address, delivered on the East Portico of the U.S. Capitol, Washington D.C. - January 20, 1969.



I ask you to share with me today the majesty of this moment. In the orderly transfer of power, we celebrate the unity that keeps us free.

Each moment in history is a fleeting time, precious and unique. But some stand out as moments of beginning, in which courses are set that shape decades or centuries.

This can be such a moment.

Forces now are converging that make possible, for the first time, the hope that many of man's deepest aspirations can at last be realized. The spiraling pace of change allows us to contemplate, within our own lifetime, advances that once would have taken centuries.

In throwing wide the horizons of space, we have discovered new horizons on earth.

For the first time, because the people of the world want peace, and the leaders of the world are afraid of war, the times are on the side of peace.

Eight years from now America will celebrate its 200th anniversary as a nation. Within the lifetime of most people now living, mankind will celebrate that great new year which comes only once in a thousand years--the beginning of the third millennium.

What kind of nation we will be, what kind of world we will live in, whether we shape the future in the image of our hopes, is ours to determine by our actions and our choices.

The greatest honor history can bestow is the title of peacemaker. This honor now beckons America--the chance to help lead the world at last out of the valley of turmoil, and onto that high ground of peace that man has dreamed of since the dawn of civilization.

If we succeed, generations to come will say of us now living that we mastered our moment, that we helped make the world safe for mankind.

This is our summons to greatness.

I believe the American people are ready to answer this call.

The second third of this century has been a time of proud achievement. We have made enormous strides in science and industry and agriculture. We have shared our wealth more broadly than ever. We have learned at last to manage a modern economy to assure its continued growth.

We have given freedom new reach, and we have begun to make its promise real for black as well as for white.

We see the hope of tomorrow in the youth of today. I know America's youth. I believe in them. We can be proud that they are better educated, more committed, more passionately driven by conscience than any generation in our history.

No people has ever been so close to the achievement of a just and abundant society, or so possessed of the will to achieve it. Because our strengths are so great, we can afford to appraise our weaknesses with candor and to approach them with hope.

Standing in this same place a third of a century ago, Franklin Delano Roosevelt addressed a Nation ravaged by depression and gripped in fear. He could say in surveying the Nation's troubles: "They concern, thank God, only material things."

Our crisis today is the reverse.

We have found ourselves rich in goods, but ragged in spirit reaching with magnificent precision for the moon, but falling into raucous discord on earth.

We are caught in war, wanting peace. We are torn by division, wanting unity. We see around us empty lives, wanting fulfillment. We see tasks that need doing, waiting for hands to do them.

To a crisis of the spirit, we need an answer of the spirit.

To find that answer, we need only look within ourselves.

When we listen to "the better angels of our nature," we find that they celebrate the simple things, the basic things, such as goodness, decency, love, kindness.

Greatness comes in simple trappings.

The simple things are the ones most needed today if we are to surmount what divides us, and cement what unites us.

To lower our voices would be a simple thing.

In these difficult years, America has suffered from a fever of words from inflated rhetoric that promises more than it can deliver from angry rhetoric that fans discontents into hatreds from bombastic rhetoric that postures instead of persuading.

We cannot learn from one another until we stop shouting at one another--until we speak quietly enough so that our words can be heard as well as our voices.

For its part, government will listen. We will strive to listen in new ways--to the voices of quiet anguish, the voices that speak without words, the voices of the heart--to the injured voices, the anxious voices, the voices that have despaired of being heard.

Those who have been left out, we will try to bring in.

Those left behind, we will help to catch up.

For all of our people, we will set as our goal the decent order that makes progress possible and our lives secure.

As we reach toward our hopes, our task is to build on what has gone before--not turning away from the old, but turning toward the new.

In this past third of a century, government has passed more laws, spent more money, initiated more programs, than in all our previous history.

In pursuing our goals of full employment, better housing, excellence in education in rebuilding our cities and improving our rural areas in protecting our environment and enhancing the quality of life--in all these and more, we will and must press urgently forward.

We shall plan now for the day when our wealth can be transferred from the destruction of war abroad to the urgent needs of our people at home.

The American dream does not come to those who fall asleep.

But we are approaching the limits of what government alone can do.

Our greatest need now is to reach beyond government, and to enlist the legions of the concerned and the committed.

What has to be done, has to be done by government and people together or it will not be done at all. The lesson of past agony is that without the people we can do nothing with the people we can do everything.

To match the magnitude of our tasks, we need the energies of our people--enlisted not only in grand enterprises, but more importantly in those small, splendid efforts that make headlines in the neighborhood newspaper instead of the national journal.

With these, we can build a great cathedral of the spirit--each of us raising it one stone at a time, as he reaches out to his neighbor, helping, caring, doing.

I do not offer a life of uninspiring ease. I do not call for a life of grim sacrifice. I ask you to join in a high adventure, one as rich as humanity itself, and as exciting as the times we live in.

The essence of freedom is that each of us shares in the shaping of his own destiny.

Until he has been part of a cause larger than himself, no man is truly whole.

The way to fulfillment is in the use of our talents we achieve nobility in the spirit that inspires that use.

As we measure what can be done, we shall promise only what we know we can produce, but as we chart our goals we shall be lifted by our dreams.

No man can be fully free while his neighbor is not. To go forward at all is to go forward together.

This means black and white together, as one nation, not two. The laws have caught up with our conscience. What remains is to give life to what is in the law: to ensure at last that as all are born equal in dignity before God, all are born equal in dignity before man.

As we learn to go forward together at home, let us also seek to go forward together with all mankind.

Let us take as our goal: where peace is unknown, make it welcome where peace is fragile, make it strong where peace is temporary, make it permanent.

After a period of confrontation, we are entering an era of negotiation.

Let all nations know that during this administration our lines of communication will be open.

We seek an open world--open to ideas, open to the exchange of goods and people--a world in which no people, great or small, will live in angry isolation.

We cannot expect to make everyone our friend, but we can try to make no one our enemy.

Those who would be our adversaries, we invite to a peaceful competition--not in conquering territory or extending dominion, but in enriching the life of man.

As we explore the reaches of space, let us go to the new worlds together--not as new worlds to be conquered, but as a new adventure to be shared.

With those who are willing to join, let us cooperate to reduce the burden of arms, to strengthen the structure of peace, to lift up the poor and the hungry.

But to all those who would be tempted by weakness, let us leave no doubt that we will be as strong as we need to be for as long as we need to be.

Over the past twenty years, since I first came to this Capital as a freshman Congressman, I have visited most of the nations of the world.

I have come to know the leaders of the world, and the great forces, the hatreds, the fears that divide the world.

I know that peace does not come through wishing for it--that there is no substitute for days and even years of patient and prolonged diplomacy.

I also know the people of the world.

I have seen the hunger of a homeless child, the pain of a man wounded in battle, the grief of a mother who has lost her son. I know these have no ideology, no race.

I know America. I know the heart of America is good.

I speak from my own heart, and the heart of my country, the deep concern we have for those who suffer, and those who sorrow.

I have taken an oath today in the presence of God and my countrymen to uphold and defend the Constitution of the United States. To that oath I now add this sacred commitment: I shall consecrate my office, my energies, and all the wisdom I can summon, to the cause of peace among nations.

Let this message be heard by strong and weak alike:

The peace we seek to win is not victory over any other people, but the peace that comes "with healing in its wings" with compassion for those who have suffered with understanding for those who have opposed us with the opportunity for all the peoples of this earth to choose their own destiny.

Only a few short weeks ago, we shared the glory of man's first sight of the world as God sees it, as a single sphere reflecting light in the darkness.

As the Apollo astronauts flew over the moon's gray surface on Christmas Eve, they spoke to us of the beauty of earth--and in that voice so clear across the lunar distance, we heard them invoke God's blessing on its goodness.

In that moment, their view from the moon moved poet Archibald MacLeish to write:

"To see the earth as it truly is, small and blue and beautiful in that eternal silence where it floats, is to see ourselves as riders on the earth together, brothers on that bright loveliness in the eternal cold--brothers who know now they are truly brothers."

In that moment of surpassing technological triumph, men turned their thoughts toward home and humanity, seeing in that far perspective that man's destiny on earth is not divisible telling us that however far we reach into the cosmos, our destiny lies not in the stars but on Earth itself, in our own hands, in our own hearts.

We have endured a long night of the American spirit. But as our eyes catch the dimness of the first rays of dawn, let us not curse the remaining dark. Let us gather the light.

Our destiny offers, not the cup of despair, but the chalice of opportunity. So let us seize it, not in fear, but in gladness-- and, "riders on the earth together," let us go forward, firm in our faith, steadfast in our purpose, cautious of the dangers but sustained by our confidence in the will of God and the promise of man.


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